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domingo, 15 de diciembre de 2013

Carta de un vecino de Quijorna a la alcaldesa Mercedes García.



Buenos días, mi nombre es Ernesto Viñas, tal vez me recuerde, soy el vecino de la última fila de asientos a quien en el pleno municipal del viernes 13 usted negó el turno de palabra en dos ocasiones a pesar de haber aguardado pacientemente la llegada del tiempo reservado a las intervenciones del público. Mi intención, tras haber presenciado la mayor parte del pleno, era la de exponer un par de argumentos en respuesta a la moción que su grupo presentó en el mismo responsabilizando a la oposición y a ciertos vecinos por “la mala imagen que se ha dado de Quijorna” a raíz de los hechos que ocurrieron en torno a sus I Jornadas de Militaria y Cultura de la Defensa, celebradas en el mes de septiembre.

De antemano, le confieso que la carta se la dirijo a usted solo de forma retórica, ya que ni de su persona, ni de su partido político espero ni una mínima capacidad de rectificación, autocrítica ni coherencia entre actos y palabras, dicho lo cual, expongo:

Lo que me quedó pendiente de decirles a usted y a su concejal de Hacienda en el pleno que usted dio por terminado antes de tiempo, es que sus I Jornadas de Militaria en nada se parecieron, ni tuvieron relación alguna, con las otras jornadas sobre la batalla de Brunete que se desarrollaron entre 2005 y 2010 y en las que yo mismo tuve participación, en todos los años, como guía, ponente o cediendo material histórico para la exposición. Aquellas jornadas, fruto del trabajo voluntario de varios grupos e individuos buenos conocedores de ese episodio de la GCE coordinados por su anterior concejal de cultura, sí tuvieron un carácter histórico y divulgativo, y así quedó reflejado en los positivos artículos de prensa que supimos ganar para Quijorna con nuestro esfuerzo desinteresado. Recordado esto, que es perfectamente verificable, lo que hicieron ustedes como representantes públicos con sus jornadas de este año fue un acto de reivindicación de la sublevación franquista a través del homenaje del domingo 29 de septiembre de 2013 a tres de los batallones del ejército que la llevó a cabo.

Por más que, desde entonces, intenten ustedes centrar el debate y el reproche por lo ocurrido en el tema de la feria de militaria del sábado anterior, lo verdaderamente importante e inaceptable en democracia ocurrió el domingo junto al monumento de la plaza que, gracias a ustedes, todavía se llama de la V Bandera (de Falange). Como otros muchos vecinos, yo estoy completamente seguro de que la responsabilidad por el deterioro de la imagen que ofrece este pueblo es completamente suya, de su gobierno local y de su partido en Madrid, lo cual por su parte, solo se arregla dimitiendo.

Contrariamente a este criterio, la moción leída por su concejal de Hacienda el día 13 de diciembre, la cual adjunto, traslada la responsabilidad por la posible repercusión negativa para el buen nombre de Quijorna a la oposición y, aunque no nos nombran directamente, también al conjunto de quienes denunciamos el contenido de sus I Jornadas a la prensa y a la Guardia Civil. En contra de sus argumentos, quiero decirle ahora, ya que usted no me permitió hacerlo en el pleno, que, varias semanas antes del inicio de sus jornadas, uno de sus concejales me llamó en dos ocasiones para, con gran amabilidad, ofrecerme tomar parte en las mismas. Yo, extrañado (y no muy cómodo) por esta oferta, que se producía tras años de inexistencia de las conmemoraciones anteriores, y ciertamente prevenido a causa del talante derechista que su gobierno local mostraba últimamente, respondí con un sí condicional. Acepté guiar nuevamente una excursión solo en el caso de que las jornadas en proyecto no incluyeran a grupos ni mensajes ligados a la ultraderecha o dedicados la exaltación del franquismo. Esta, que fue mi única condición y exigencia, la recalqué cuantas veces pude, advirtiendo además al concejal de lo inconveniente que para todos resultaría traer ponentes de organizaciones decididamente pro franquistas a las jornadas, cosa con la que él se mostró de acuerdo. Tras esto, me quedé a la espera de una nueva llamada, la cual nunca se produjo, por lo que no tardé en asumir que no se contaría conmigo, lo que sinceramente me importó poco, ya que nunca creí que las I Jornadas de Militaria y Cultura de la Defensa, ¡con un general norteamericano en la portada del díptico! tuvieran algo que ver realmente con la batalla de Brunete, tal como luego quedó demostrado. 

Alcaldesa, cuando ahora usted y su gobierno pretenden trasladar a otros las responsabilidades por sus actos fallidos, culpándonos de no tener escrúpulos en perjudicar a nuestro pueblo con tal de sacarlos a ustedes del gobierno, también se están olvidando adrede de que el día domingo, minutos antes de que dieran comienzo al homenaje que tributaron al ejército franquista junto a la puerta de la iglesia, a la salida de misa, varios vecinos les estuvimos pidiendo enfáticamente que no siguieran adelante y que se replantearan la barbaridad que estaban a punto de hacer, a lo que por supuesto, usted y los otros máximos representantes de Quijorna hicieron oídos sordos. Orgullosos, desplegaron ante nosotros su parafernalia, mezclándola con el himno nacional vigente para a continuación pasar a poner en evidencia su lealtad a valores asimilables al fascismo. Los vecinos que estábamos allí nos limitamos a mirarlos atónitos y a grabarlos, algo a lo que tenemos perfecto derecho por tratarse de lugares y representantes públicos. 

Expuesto todo lo anterior, parece evidente que la responsabilidad, si ahora la imagen de Quijorna se asimila a la del franquismo, corresponde plenamente a quienes organizaron las últimas jornadas, pusieron flores y placa nueva al citado monumento y permitieron la venta en el colegio público de materiales que suponen apología del genocidio, sea o no sea esto delito en la ley española a día de hoy. Las personas responsables son las que componen el actual gobierno municipal, y entre ellas destaca usted, señora alcaldesa, que tras comportarse del modo descrito, perdió a continuación la oportunidad de dimitir, de reafirmarse con todas las consecuencias en lo hecho o de disculparse con altura y estilo ante las cámaras y la prensa de varios medios, prefiriendo, como es norma en su partido político, negar lo evidente, repetir machaconamente medias verdades, dar excusas patéticas y dejar pasar el tiempo, lo que supone un evidente menosprecio a sus vecinos y electores. El colmo de la desfachatez es que ahora pretenda usted endosar a otros los resultados de su sensacional actuación, por cierto plenamente apoyada por el PP, como se pudo ver en la asistencia masiva de sus alcaldes y concejales en las últimas fiestas locales. 

Nosotros, hablo en nombre de la asociación cultural Cerro Andrinal de Quijorna, no aceptamos la culpa ajena y a diferencia de usted, sí asumimos nuestros actos, por lo que estamos orgullosos de haber denunciado un hecho antidemocrático, al que contraponemos la reivindicación del pueblo, gobierno y ejército republicanos que sostuvieron y finalmente perdieron la guerra civil frente a los fascismos europeos y nacional en defensa del progreso humano y la justicia social en España.

En referencia a la historia de Quijorna en los días de la batalla de Brunete, me permito sugerirle que si eventualmente quiere usted contrastar o ampliar su caudal de conocimientos con una modesta aportación hecha por mí, para la que contado con el apoyo del Ayuntamiento de Navalagamella, puede consultar en el blog Primer Ejército de Maniobra (http://pemaniobra.blogspot.com.es) los artículos siguientes: 71 división franquista, Información general del ejército franquista, 46 división republicana y V cuerpo de ejército republicano. Leyéndolos al menos podrá verificar que la placa que ustedes colocaron en el monumento contenía un error de fecha, como ya le dijimos en un artículo anterior.

Cambiando un poco de tema, diré que usted, además de negarme el derecho a tomar la palabra pedida en el último pleno, sin ningún motivo ha decretado la supresión total e indefinida del turno de intervención de los vecinos al final de los plenos ordinarios, lo que significa que desde el viernes 13 usted no permite a los habitantes de Quijorna, los mismos que están fritos a impuestos locales a cambio de casi nada, puedan ejercer el derecho de opinar, preguntar, criticar o enriquecer nuestra vida en sociedad. Su actitud, que una vez más es plenamente antidemocrática, aunque seguramente tenga respaldo legal, me ha traído a la memoria el día en que usted ordenó (según me aseguró entonces otro de sus concejales) descolgar del puente del arroyo la pancarta de la Ecoescuela que decía “Río limpio, río vivo” con la que se remató una jornada de trabajo voluntario de limpieza del arroyo por parte de quienes entonces formábamos la comunidad educativa. Su actitud, similar a la que muestra el gobierno central de su partido promulgando la “ley mordaza”, evidencia nuevamente que algo, y no poco, de la dictadura permanece todavía vigente y que ustedes le deben mucho al ejército que homenajearon en septiembre. Pero a pesar de sus cacicadas, algunos vecinos de este pueblo seguiremos encontrando la manera de expresarnos públicamente. 

Ya para terminar, me quedaron ganas de preguntarle si hay algo de cierto en que, ante el aparente fracaso del club de golf privado y elitista que alguien tenía pensado instalar en Quijorna, ustedes están planeando ceder el uso de la dehesa municipal para una pista de entrenamiento de tipo militar y campo de airsoft. Estoy muy interesado en su respuesta, no me gustaría descubrir en un futuro una verdad desagradable similar a la que usted ocultó a sus vecinos con el tema de la línea de muy alta tensión. 

Felizmente, al salir del pleno del pasado viernes 13 un buen amigo me contó que nos habíamos librado de Eurovegas, una noticia que por sí sola ya es capaz de mejorar el peor de los días. Digamos adiós al pelotazo mafioso en base a un proyecto inmoral e insostenible. Cuando trascienda el contenido de su moción junto a la decisión de suprimir el turno de palabra vecinal en los plenos, si necesita usted la ayuda de su partido en Madrid, le deseo suerte, tal vez ahora los encuentre de peor humor y con menos paciencia que la vez pasada.

Atentamente, y deseándole que tenga un buen día, la saluda su vecino.

Ernesto Viñas. 

Quijorna, a 15 de diciembre de 2013.




Las anteriores Jornadas sobre la Batalla de Brunete en prensa:

miércoles, 16 de octubre de 2013

QUIJORNA Y LA MENTIRA, DE LOS HECHOS AL PAPEL

Es obvio que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, quizás eso pueda incluso disculparse, pero que te intenten restregar mentiras por la cara resulta cuanto menos bochornoso. Los hechos van más allá de la mera ideología, son directamente un atentado a la inteligencia humana. La realidad es la que es salvo para el que no la quiere ver. Aquí, en Quijorna, son muchos los ciegos, ese no es el problema, con cultura y formación se puede curar, a ello me presto con gusto. Lo que no tiene cura es el panfleto aclaratorio-acusatorio del consistorio recibido una semana después de los autos en cuestión.

El texto no es que raye el absurdo, es que miente en cada uno de sus puntos. Miente al afirmar que existían elementos de los dos bandos, sí, miente, en primer lugar por la proporción, todas las imágenes hablan por sí solas, en segundo lugar por la falta de rigor histórico; la participación de la Alemania nazi en el conflicto fratricida español fue mínima en cuanto al factor humano, no así en el tecnológico, de tal modo la presencia de esvásticas, cruces de hierro… está totalmente fuera de lugar en una exposición sobre la Guerra Civil, tal y como nos han vendido. Miente al equilibrar, foto incluida, la imaginaria de ambos bandos. El sistema republicano era democrático, sin ser perfecto, garantizó y amplio los derechos individuales de todos los habitantes de la España de los años 30, sin querer ser demasiado extenso, igualó por primera vez ante la ley a hombres y mujeres (todavía arrastramos la gran lacra de la violencia de género), permitió la libertad de conciencia, separo la Iglesia del Estado, permitió a todos los españoles decir y pensar lo que buenamente quisiesen. Repito, no era perfecto, pero era legal y democrático. El alzamiento militar y el posteriormente autodenominado bando nacional nacieron con el fin de aniquilar estos principios devolviendo a nuestro país a lo más profundo de la caverna ideológica, caciquil, terrateniente, católica y militarista de los decenios anteriores. Franco y sus lacayos originaron un conflicto que dejo en el fango a más de 300.000 compatriotas, más de 500.000 cruzaron la frontera, y muchos de los que se quedaron vivieron los años de la más dura represión. Dejemos la careta de la amnistía de la transición a un lado, no todos fueron iguales. Paul Preston, Alberto Reig Tapia, Enrique Moradiellos, Santos Juliá, Julián Casanova, Francisco Espinosa Maestre, Antony Beevor, Francisco Moreno Gómez… y un largo e interminable etcétera de los mejores y más reputados historiadores son claros, el bando nacional aniquiló en la guerra de retaguardias a más del triple de personas que sus enemigos republicanos. Esta es la historia salvo para algunos tertulianos pseudo-historiadores que habitan por lo más oscuro del enfrentamiento ideológico y la autojustificación comparativo como el omnipresente Pio Moa and Cia.

No señora alcaldesa, no damas y caballeros del Partido Popular, no es lo mismo, no lo son, y no es válido lo del y si…, la Republica, su gobierno democráticamente elegido en las urnas, fue primero asaltado y después violentamente masacrado por un régimen que durante casi cuatro décadas prohibió hasta lo “improhibible”, todas y cada una de las libertades individuales.

Pero ustedes siguen mintiendo, si, miente. El funesto acto del domingo 29 junto a la iglesia de nuestro municipio no fue un homenaje a todos los caídos por España, fue un acto, como todos lo que se realizaron durante la dictadura, en honor y gloria de los muertos de un solo bando. Los títeres que desfilaban disfrazados de falangistas no estaban rindiendo tributo alguno a los milicianos republicanos. La impoluta placa con la que ahora podemos disfrutar todos los vecinos de Quijorna no hace referencia a ningún soldado caído en defensa de la República. No creo que haya referencia alguna de simpatizante Republicano que siga al lema: Caídos por Dios y por España.

Esos héroes vitoreados durante la celebración, esos ilustres del pueblo que lucharon por engrandecer la gloria nacional, que se dejaron la vida por, ni más ni menos que España, eran, los que eran, y los que los mantean cual campeones de no sé qué competición, son los que son, y sus representantes estaban dando discursos y aplaudiendo el día indicado a la hora señalada en el lugar oportuno.

Pero he de reconocer que no todo son mentiras, es verdad que tanto como en la Gaceta como en Intereconomía hacen referencia a los acontecimientos citados. Sin duda son dos medios de comunicación, en realidad uno, que han destacado a lo largo de su “extensa” historia por su marcada ética y objetividad periodística. No hay duda de que cualquier habitante del pueblo que quiera estar “bien informado” acudirá, cual NODO, a los medios citados por el panfleto, seguramente pagado por todos, del excelentísimo Ayuntamiento de Quijorna. Desde luego ni lean El País, ni vean la Sexta, Cuatro ni Telecinco…


D. N. T.
Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid.
Máster en Historia de España Contemporánea por la UNED.




jueves, 10 de octubre de 2013

Arrancada la placa del monumento franquista de Quijorna

Tras tener conocimiento durante el mediodía del jueves día 10 de octubre de que el monumento a los tres batallones del ejército franquista que existe en la plaza de la 5ª bandera ha sufrido una grave agresión, la asociación cultural Cerro Andrinal quiere expresar su más enérgica condena a la misma y declarar que el único camino correcto para decidir el destino de este monumento debe ser la aplicación de la ley vigente o la asunción por parte de la mayoría de nuestra sociedad de que deben desaparecer este tipo de monumentos de los lugares públicos.

Confiamos en que esta agresión no suponga un factor de deterioro para la convivencia en Quijorna y al mismo tiempo, nos reafirmamos en nuestra denuncia contra el ayuntamiento por el inadmisible homenaje al franquismo protagonizado el domingo 29 por el gobierno local, al tiempo que pedimos la aplicación de la Ley de Memoria Histórica para retirar legalmente el monolito y cambiar el nombre de la plaza. 

La violencia es completamente ajena y opuesta a nuestras formas. En el Cerro Andrinal solo nos apoyamos en el poder de convicción y argumentación para comunicar nuestros valores y propuestas. Confiamos que todos actúen del mismo modo, ya que la violencia gratuita solo demuestra carencia de razones.


domingo, 6 de octubre de 2013

Militaria y homenaje franquista en Quijorna: La alcaldesa sigue dando excusas sin fundamento.


En relación al patético comunicado del ayuntamiento de Quijorna aparecido en nuestros buzones durante el día sábado 5 de octubre, quienes hemos apoyado la denuncia contra este equipo de gobierno municipal por exaltación del franquismo queremos señalar lo siguiente:

  • Es un hecho de enorme gravedad el que se haga apología del nazismo o del franquismo a través de sus símbolos, y esto ocurre cuando se permite su venta o exposición en un contexto totalmente ajeno a la divulgación histórica o cultural bien fundamentada. Eso fue exactamente lo que ocurrió en la feria de militaria del pasado fin de semana  en el colegio de Quijorna. Ante esta realidad incontestable, de nada sirve que el ayuntamiento acuda al recuerdo de las anteriores jornadas sobre la batalla de Brunete que tuvieron lugar en Quijorna entre los años 2005 y 2010. En esas ocasiones sí existió una vocación de divulgación histórica mediante la exposición de material original de la época, conferencias, pase de películas, excursiones y recreaciones. Esas jornadas no tuvieron ningún parecido con las I Jornadas de Militaria y Cultura de la Defensa, que además de no proponer nada de lo anterior, ni siquiera mencionaban la batalla de Brunete o la guerra civil como tema de estudio.

  • Para quienes condenamos la actitud del gobierno local durante esos dos días, aún siendo grave el tema de la exposición de militaria en el colegio del día 28, resulta mucho más grave lo que ocurrió durante la mañana del domingo 29 frente a la iglesia. Allí se exaltó y homenajeó a tres batallones del ejército franquista ante un monumento que en virtud de la Ley de Memoria Histórica vigente desde 2007 debió haber sido retirado hace seis años de una plaza cuyo nombre también debió haber sido cambiado en ese momento. El gobierno municipal y el resto de quienes tomaron parte en ese acto se comportaron de una manera frontalmente opuesta a los valores democráticos y con una enorme insensibilidad para con los sentimientos y derechos de las miles de familias españolas y extranjeras que reclaman dignidad para la memoria de quienes apoyaron o fueron movilizados por el gobierno legítimo de la II República para enfrentar la sublevación  reaccionaria surgida el 18 de julio de 1936.

Desde nuestro punto de vista, los miembros del gobierno local de Quijorna, al actuar del modo en que lo hicieron, han perdido por completo su legitimidad para seguir gobernando nuestro municipio, de manera particular por los hechos del domingo 29. Tras una semana de presencia de este tema en los medios de comunicación, para nosotros queda claro que la actitud de los representantes del ayuntamiento es indefendible, ya que incluso pasado este plazo, no han hecho más propósito de enmienda ni autocrítica que las que forzaron los periodistas con sus acertadas preguntas cuando los tenían ante sus cámaras o grabadoras. Tampoco nos sorprende que la cúpula del PP cierre filas con la alcaldesa y el 1er. teniente de alcalde, pues este es un partido con claras raíces y lealtades franquistas, tanto por ciertos elementos de su ideología como por la defensa cerrada que hace de quienes siendo de los suyos, cometen delitos o errores de cálculo. Previsiblemente los reemplazarán en sus cargos de manera desapercibida cuando los focos estén sobre otros asuntos y de este tema ya no se hable, y no porque estén en desacuerdo con ellos, sino porque estropean su imagen electoral.

Para terminar, queremos señalar un par de cosas más:

  •  La gravedad y trascendencia de que el propio Fiscal General del Estado haya decidido investigar lo ocurrido en Quijorna, señal de que se aprecian indicios de delito de apología del fascismo.

  • Condenamos el tipo de feria de militaria que permite la venta (y por tanto expansión ideológica) de símbolos nazis y fascistas. La venta y uso libre de parafernalia nazi y franquista debería quedar prohibida inmediatamente mediante una ley nacional o europea, si no lo está ya.







lunes, 30 de septiembre de 2013

En Quijorna, el PP recupera sus raíces franquistas.

Para ser justos, como no terminaron su acto alzando el brazo ni cantando el cara al sol, no podemos decir que lo que vimos el día 29 por la mañana en la plaza de Quijorna, todavía llamada de la 5ª bandera de Castilla, fuera una demostración propia del primer periodo franquista. Ateniéndonos a la verdad de lo visto y oído, lo que presenciamos fue más bien un mitin “light”, quizás propio de los años medios y finales de la dictadura.

Amparados en el término “memoria histórica”, robado a quienes soportaron la represión del franquismo y aguantan la amnesia del actual periodo democrático y siguen reivindicando su lucha y resistencia, el gobierno de Quijorna, el cura y los invitados asistentes recordaron, exaltaron y bendijeron a las unidades militares del ejército sublevado (y por lo tanto golpista) que, tras haber ocupado Quijorna en los últimos días de octubre o primeros del de noviembre de 1936, resistieron durante 4 días de julio de 1937 el asedio del ejército gubernamental republicano, en la conocida como batalla de Brunete.

El PP de Quijorna, nos ofreció una prueba más de que la tan alabada Transición puede resultar ser en realidad un bucle entre un fascismo latente y un franquismo en potencia. Para homenajear a “los caídos por Dios y por España” y ponerles una placa, apelaron al valor en combate y al espíritu de sacrificio de los tres batallones de los sublevados que quedaron encerrados en Quijorna ante el avance republicano. Reconocer su valor como fuerza militar (que fuera de toda duda existió, en ambos ejércitos), sin mencionar el fin político por el que combatían, ni el tipo de régimen que permitieron instaurar, es algo así como festejar las cualidades médicas del Dr. Menguele o del coronel Antonio Vallejo-Nágera. Lo esencial, lo importante del 164 batallón de Toledo, del tabor de Tiradores de Ifni y de la 5ª bandera de Falange de Castilla no fue su buen desempeño como fuerzas militares; fue y sigue siendo el hecho de que formaron parte de un ejército que, armado por Hitler y Mussolini, pagado por la banca y bendecido por la Iglesia, cortó de raíz y evitó por décadas que en España existieran derechos y justicia social, libertades cívica, cultural y religiosa y, en el caso de ser “rojo”, que entre otras cosas, quedara en el aire el derecho a conservar la vida, la libertad de movimientos, los hijos o la propiedad privada personal y familiar.

En la realidad de nuestros días, cuando hasta la ONU empieza a investigar los crímenes contra la Humanidad ocurridos en España durante la guerra civil y la dictadura porque no lo ha hecho ningún gobierno nacional desde 1975, no se puede tolerar que se exalte el franquismo como si se tratara de un ejercicio de nostalgia o algo que pasa por inercia del pasado y que se extinguirá solo. Lo que vimos en Quijorna podrían ser manifestaciones de una ideología potencialmente fascista. ¿No será que, ante el previsible fracaso de su programa político pacifico, una parte del PP estuviera preparando la alternativa de ultraderecha para que en España nada esencial cambie en los próximos años? Algo parecido está pasando en Grecia.

Si alguien cree exagerado decir que lo que ocurrió en la plaza de Quijorna fue un acto “ultra”, que por favor saque sus conclusiones tras ponerlo en relación con las fotos hechas en la jornada previa de militaria del día 28, la cual llenó de símbolos e ideología franquista y nazi el colegio público donde se educan nuestros hijos. Como ciudadanos, no tenemos derecho a ignorar ni a olvidar lo que el fascismo representa. Si los que trajeron la esvástica gobernaran, posiblemente asesinarían o deportarían a un buen porcentaje de los alumnos y profesores del colegio en el que mostraban su mercancía de odio racial y fascismo. Sabiendo esto, quienes los invitaron a estar ahí en nombre de los “Valores Tradicionales de la cultura española” y gastando dinero público se han vuelto indignos de gobernar nuestro pueblo. Deberían dimitir por su incompatibilidad manifiesta con los valores democráticos vigentes y por no llevar a la práctica la Ley de Memoria Histórica, que prohíbe los actos de exaltación del franquismo a los representantes públicos y exige que se retiren de los lugares comunes los nombres y placas que lo hagan.

Por cierto, en la placa que colocaron el domingo 29, se equivocaron en un dato; la resistencia de los tres batallones franquistas sitiados en Quijorna se mantuvo hasta el día 9, y no hasta el 8. Les falla la memoria.


En Quijorna, ni nazis, ni gobiernos antidemocráticos.    







miércoles, 15 de febrero de 2012


La mujer dinamitera 

Rosario Sánchez Mora tenía 17 años cuando se alistó voluntaria para luchar contra las tropas fascistas que pretendían tomar Madrid en los primeros días de la Guerra Civil. Fue el poeta Miguel Hernández quien la inmortalizó en un poema como "Rosario dinamitera". Falleció el 17 de abril de 2008.

Madrid no tenía el aire festivo de otros fines de semana. Aquel sábado 18 de julio de 1936, la capital había abortado el levantamiento militar iniciado la víspera en el protectorado español de Marruecos, que se había extendido como el aceite por la Península. Miles de obreros habían asaltado el Cuartel de la Montaña, principal foco de los rebeldes, y se preparaban para defender la ciudad del autodenominado Ejército Nacional, que avanzaba desde el Norte para hacerse con los embalses del Lozoya.
Decenas de camionetas partieron la madrugada del día 19 rumbo a la sierra repletas de jóvenes que se habían ofrecido voluntarios para combatir, convencidos de que en cuestión de días estarían de vuelta en casa. Entre los que viajaban en uno de esos camiones, camino de Buitrago, estaba una muchacha de diecisiete años, Rosario Sánchez Mora. Se había alistado la tarde anterior, sin decir nada a su familia, en el centro cultural Aída Lafuente, que la Juventud Socialista Unificada (JSU) tenía en el número 10 de la calle de San Bernardino, a unas manzanas de su domicilio.
Cuando llegaron a su destino, Rosario y sus compañeros fueron encuadrados en una de las unidades de choque que se batían con el enemigo en primera línea de fuego, a las órdenes de un muchacho de veintiséis años, robusto, de mediana estatura y barba cerrada: Valentín González, al que todos apodaban El Campesino. Con un mosquetón de siete kilos de peso y sin otras nociones de armas que las que recibió en la trinchera, Rosario comenzó a pelear como un miliciano más en una línea del frente que se prolongaba a través de kilómetros. Disparaba contra un enemigo que sabía a escasa distancia, pero al que raramente veía. En la Peña del Alemán, una posición avanzada que los fascistas habían señalado como objetivo prioritario, vio morir a muchos de los muchachos que viajaron con ella desde Madrid.
Tras dos semanas de enfrentamientos, en las que lograron contener a los rebeldes, la guerra en la sierra dejó de ser una batalla abierta para convertirse en una batalla de posiciones. Rosario fue destinada entonces a la sección de dinamiteros, que estaba al mando del capitán Emilio González González, un minero barrenista de Sama de Langreo (Asturias) especialista en el manejo de los fulminantes y la dinamita. El grupo tenía su base en una casa abandonada entre Buitrago y Gascones, a unos cinco kilómetros de la línea de fuego, donde disponían de un pequeño polvorín en el que almacenaban los explosivos y se confeccionaban unas rudimentarias bombas. Los artefactos en cuestión eran botes de leche condensada que se reciclaban hasta convertirse en granadas de mano. El proceso era simple: se llenaba la lata con clavos, tornillos y cristales, y sobre ellos se vertía la dinamita. Después se cerraba el bote con su propia tapa y se ataba con una cuerda y trapos para que no se derramase el contenido. La tarea más peligrosa era colocar el fulminante y la mecha para que aquello estallara, de lo que se encargaba personalmente el capitán González.
La mañana del 15 de septiembre, Rosario y sus compañeros aprendían a efectuar una descarga con cartuchos de dinamita, mucho más fáciles de manejar que las bombas lata. Eran diez milicianos, y Rosario estaba situada la última a la izquierda. Cuando prendió su mecha, la oyó silbar. La noche anterior había llovido y estaba húmeda. Se quemaba por dentro, pero no por fuera, y no sintió el calor de la llama en la uña de su dedo pulgar, que indicaba el momento de lanzarla. El cartucho estalló en su mano derecha, que quedó destrozada por encima de la muñeca. Herida de gravedad, la operaron en el hospital de sangre de la Cruz Roja en La Cabrera, donde consiguieron salvarle la vida.
Llevaba varios días convaleciente en el hospital cuando el filósofo y catedrático de la Universidad Central de Madrid José Ortega y Gasset acudió a visitarla al conocer la historia de una muchacha muy joven que había perdido una mano en el frente. Iba camino de Valencia y aprovechó el viaje para informar de lo ocurrido a los padres de Rosario, que esa misma noche se desplazaron al hospital. "Miren ustedes, lo siento mucho, siento muchísimo que mi hija mayor haya perdido una mano, pero les aseguro que si mis otros cinco hijos perdieran la suya por la misma causa, estaría orgulloso de ellos. No tienen de qué preocuparse”, les dijo Andrés, su padre, a los médicos que les recibieron con la intención de tranquilizarles. Ferviente republicano y presidente de Izquierda Republicana (IR) en Villarejo, el valor de su hija le llenaba de orgullo.
Rosario fue trasladada al hospital de la Cruz Roja en la calle de la Reina Victoria, y de allí a otro instalado en la Facultad de Filosofía y Letras para que concluyera su recuperación. Para entonces, 4 de noviembre, los fascistas se encontraban a cinco kilómetros de la capital. La caída de Madrid parecía inminente, y con ella el fin de la guerra. Así lo creía hasta el propio Gobierno de Largo Caballero, que abandonó la capital rumbo a Valencia. Dos días más tarde, Rosario y todos sus compañeros de convalecencia fueron evacuados del hospital ante la proximidad del enemigo, que estaba a punto de lanzar su mayor ofensiva por la Ciudad Universitaria. Aún débil, fue ingresada en el hospital de San José y Santa Adela, en la calle de Eloy Gonzalo, que abandonó fechas después con la intención de volver a las trincheras, aunque fuera con una sola mano.
La unidad de choque de El Campesino se había convertido en la 10ª Brigada Mixta, con más de tres mil hombres, y su comandancia estaba en el convento de las clarisas de Alcalá de Henares. Rosario fue recibida como una heroína y destinada al Comité de Agitación y Propaganda.
La estancia en Alcalá fue corta, apenas unas semanas, porque El Campesino trasladó su Estado Mayor a Ciudad Lineal, primero, y a un chalé en el número 11 de la calle de O’Donnell de Madrid, después, y Rosario se fue con él como encargada de la centralita del edificio. Antonio Aparicio, el joven poeta sevillano al que había conocido en Alcalá, se convirtió en uno de los habituales del lugar y pronto entablaron amistad. Un día vino acompañado de otro poeta y amigo al que, por sus palabras, rendía veneración. Éste no era otro que Miguel Hernández, que había escrito un poema a aquella joven de cuyas hazañas en el frente tanto le hablaba su compañero. Se lo presentó y le dio a leer los versos:
"Rosario, dinamitera, / sobre tu mano bonita / celaba la dinamita / sus atributos de fiera. / Nadie al mirarla creyera / que había en su corazón / una desesperación / de cristales, de metralla / ansiosa de una batalla, / sedienta de una explosión. / Era tu mano derecha, / capaz de fundir leones, / la flor de las municiones / y el anhelo de la mecha (…) / ¡Bien conoció el enemigo / la mano de esta doncella, / que hoy no es mano porque de ella, / que ni un solo dedo agita, / se prendó la dinamita / y la convirtió en estrella! (…)”.
La amistad con Antonio se amplió también a Miguel, y con el tiempo a Vicente Aleixandre, compañero inseparable de los dos anteriores, ante los que oficiaba de maestro desde sus 38 años y su experiencia de escritor.
Los días discurrían tranquilos en el chalé de la calle de O’Donnell, aunque las noticias que llegaban del frente eran cada vez más preocupantes. Los bombardeos se iniciaban al amanecer –"el lechero”, los llamaban los madrileños– y los cañones batían la Gran Vía, bautizada como avenida de los Obuses o del Quince y Medio por el calibre de los proyectiles que impactaban en ella. Una mañana irrumpió en las oficinas un joven al que Rosario no había visto nunca. Era alto y apuesto, el pelo ondulado y los ojos claros. Un latigazo le recorrió el corazón. Desde entonces esperaba con impaciencia sus visitas, que comenzaron a hacerse cada vez más frecuentes. Del cruce de miradas pasaron a los saludos y a animadas charlas. Se llamaba Francisco Burcet Lucini, tenía veinte años y era sargento de la Sección de Muleros de la Brigada. Comenzó a cortejarla y semanas después, azorado y nervioso, le pidió relaciones. Rosario aceptó. Su recién estrenado noviazgo se limitaba a encuentros fugaces y a algún breve paseo por el Retiro. Nunca fueron juntos al cine, ni ella le dejó que la cogiera de la mano, y mucho menos que le diera un beso.
Había transcurrido un año de guerra cuando se le presentó la ocasión de volver al frente. La 10ª Brigada Mixta de El Campesino se había convertido en la 46 División, con más de doce mil hombres a sus órdenes, que en el verano de 1937 intervino en una ofensiva hacia Brunete para intentar atrapar en una bolsa a las fuerzas nacionales que sitiaban Madrid desde el suroeste. El ataque fue de tal magnitud que el pueblo claudicó en apenas unas horas, aunque las pequeñas guarniciones de Quijorna y Villanueva del Pardillo resistieron la acometida. Rosario fue elegida para convertirse en cartera del frente, encargada de ser el nexo de unión con el Estado Mayor en la capital y de llevar la correspondencia de los soldados.
Las cartas para el frente se recibían en una dependencia situada en el número 18 del paseo del Prado. Un grupo de muchachas las ordenaban por brigadas, batallones y compañías, y las introducían en sacas debidamente identificadas. A las ocho de la mañana, Rosario y sus compañeros acudían puntuales a recoger la correspondencia, y sin demora se dirigían dando un rodeo para evitar las zonas más próximas a las posiciones enemigas, aunque en más de una ocasión fueron tiroteados al introducirse por error en territorio controlado por los nacionales. Hasta que el 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, los nacionales recuperaron de nuevo Brunete.

Rosario regresó a Alcalá con las tropas de El Campesino y aprovechó la ocasión para casarse con Paco, que llevaba meses insistiendo en ello. El enlace por lo civil se celebró el 12 de septiembre, acompañados de familiares y amigos. Alquilaron una modesta vivienda en la localidad, donde vivieron su pasión durante unas semanas intensas. Rosario se quedó embarazada, pero su felicidad duró poco. El 21 de enero de 1938, Paco partió rumbo a Teruel con los hombres de la 46 División para relevar a los de la 11, que habían participado en la toma de la ciudad, la primera capital de provincia que las tropas republicanas conseguían conquistar desde el inicio de la guerra. Como antes en Brunete, los republicanos cedieron poco después Teruel y las tropas de El Campesino regresaron a la capital agotadas y maltrechas. Estuvieron dos semanas juntos, hasta que la unidad fue enviada al frente de Aragón para contener otra ofensiva fascista en la zona.
Durante meses, su único contacto fueron las cartas que se escribían. Largas misivas en las que competían por expresar sus sentimientos. Angustiada por semanas de espera sin nada que hacer, limitándose a ver pasar los días desde su estado de gravidez, Rosario comenzó a trabajar en la oficina que Dolores Ibárruri, La Pasionaria, había organizado en el número 5 de la calle de Zurbano para reclutar mujeres que cubrieran los puestos de trabajo que los hombres dejaban libres cuando marchaban al frente. Estuvo hasta el 22 de julio, cuando dio a luz a una niña en el hospital de Santa Cristina, en la calle de O'’Donnell, a la que puso de nombre Elena.
Las tropas de El Campesino participaban por entonces en la ofensiva republicana del Ebro. La batalla más decisiva de la guerra concluyó cuatro meses más tarde, el 15 de noviembre, cuando las tropas de Franco dieron por reconquistadas las posiciones que habían perdido durante el verano, partieron en dos la zona republicana y decidieron avanzar hacia Barcelona. Fue entonces cuando las cartas de Paco dejaron de llegar, y Rosario no supo si había muerto, había logrado escapar a Francia o era uno de los miles de prisioneros que hicieron los nacionales en su avance. El 26 de enero de 1939, las tropas de Franco entraban en Cataluña, y tres meses más tarde lo hacían en Madrid. La guerra había terminado.
Rosario dejó a su hija con su madre e intentó escapar por Alicante con su padre, donde fueron capturados con otros 15.000 republicanos que esperaban exiliarse a bordo de barcos de la Sociedad de Naciones que nunca llegaron a puerto. Fueron conducidos al campo de los Almendros, donde fusilaron a Andrés. Rosario fue liberada y trasladada semanas después a Madrid, donde fue detenida de nuevo por vecinos falangistas de su pueblo, que la encarcelaron en la prisión de Villarejo y después en la de Getafe mientras se incoaba el procedimiento sumarísimo de urgencia 34.378. La petición fiscal de muerte fue conmutada por 30 años de reclusión por un delito de adhesión a la rebelión. Ella, que había defendido la legalidad republicana, era acusada de haberse levantado contra quienes la violentaron.
Su primer destino como penada fue la prisión de Ventas, convertida en un enorme almacén humano en el que se hacinaban más de cuatro mil mujeres, pese a que su capacidad era de cuatrocientas. En ella permaneció por espacio de dos meses y medio, hasta su traslado a la prisión de Durango, un convento de monjas en el que hasta no hacía mucho tiempo tomaban sus votos las novicias. Comenzaba un periplo carcelario que habría de llevarla a las cárceles de Orúe y, finalmente, a la de Saturrarán, donde el 28 de marzo de 1942, tras sufrir tres años de encierro y todo tipo de calamidades, fue puesta en libertad gracias a los beneficios penitenciarios que el nuevo régimen se veía obligado a decretar periódicamente para aliviar sus prisiones. El mismo día en que ella pisaba de nuevo la calle moría en la prisión reformatorio de Alicante su querido poeta Miguel Hernández, víctima de una larga enfermedad agravada por el penoso tránsito por numerosas prisiones. "¿Qué hice para que pusieran / a mi vida tanta cárcel?"”, dejó escrito el poeta oriolano.
Desterrada a doscientos kilómetros de Villarejo, Rosario marchó a Samprón, una pequeña aldea del Bierzo leonés, en el que vivía una compañera de prisión que había recuperado la libertad antes que ella. Durante dos meses, la guerra se convirtió en un recuerdo lejano, hasta que el instinto por recuperar a su hija le hizo regresar a Madrid pese a la prohibición de hacerlo. En la capital buscó la ayuda de otra compañera, Rufina Núñez, que la acogió en su domicilio.
Las semanas siguientes descubrió que su hija Elena estaba al cargo de su suegra. Acababa de cumplir cuatro años y era una niña espigada y flaca que rompió a llorar cuando aquella desconocida que decía que era su madre la abrazó con toda la fuerza de que fue capaz. La vida pareció recuperar el sentido, y por Rufina mandó también recado a su madre, que no tardó en viajar a Madrid para reencontrarse con ella. Tan sólo faltaba Paco, de quien su suegra le aseguró que no sabía nada desde el final de la guerra. Tuvo que ser su cuñado José Luis quien le desvelara que su marido vivía en Oviedo, se había vuelto a casar y tenía dos hijos. El régimen de Franco había anulado los matrimonios civiles de la República y ella era, a efectos legales, una madre soltera.
Viajó a Asturias en su busca, pero tampoco lo encontró. Los padres de Socorro, su nueva mujer, le dijeron que hacía nueve días que se había mudado con su familia a Barcelona en busca de trabajo. Pensó que todo había terminado. Rehízo su vida con un hermano del marido de Rufina, con quien tuvo otra hija, se separaron al cabo de dos años y ella comenzó a vender tabaco americano de contrabando en la plaza de Cibeles. Hasta allí fue a su encuentro Paco. Cuando se encontraron habían transcurrido quince años desde su despedida en el ya lejano marzo de 1938, cuando él marchó a Teruel con las tropas de El Campesino. Demasiado tiempo para que todo volviera a ser igual.

"La mía ha sido una vida dura y valiente, porque si no le hubiera echado agallas no sé qué habría sido de mí”, dice Rosario setenta años después de aquella mañana de julio de 1936 que marchó al frente. "
 "Mi lucha-dice- mereció la pena”."
Rosario dinamitera. Una mujer en el frente’, el libro de Carlos Fonseca donde se cuenta la historia de esta miliciana, está editado por Temas de Hoy.

ROSARIO, DINAMITERA


Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación,
de cristales, de metralla 
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.



Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.



Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!



Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres,
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.



Miguel Hernández, hacia 1937