Para contrastar y enriquecer el debate propuesto en la anterior entrada (Artículo publicado en El Pais), me ha parecido interesante tener en cuenta este otro punto de vista, sacado de la versión digital del periódico Publico.
Ernesto Viñas
De aquí a diez años ...
jueves, 19 de abril de 2012
viernes, 13 de abril de 2012
Articulo publicado en El Pais
Una Europa al servicio de los ciudadanos
Son cifras increíbles. Hace poco, un juez norteamericano falló a favor de los periodistas de Bloomberg que pedían al Banco Central de Estados Unidos que fuera totalmente transparente con la ayuda otorgada al sistema bancario durante los últimos tres años.
Tras haber examinado 20.000 páginas de diferentes documentos, Bloomberg demostró que la Reserva Federal le había prestado secretamente a los bancos en dificultad la gigantesca cantidad de 1.200.000 millones a un tipo increíblemente bajo de 0,01%.
Al mismo tiempo, en numerosos países, los pueblos están sufriendo los planes de austeridad impuestos por Gobiernos a quienes los mercados financieros ya no prestan millones a tipos inferiores al 6,7% o al 9%. Asfixiados por estos tipos, los Gobiernos se ven "obligados" a congelar las pensiones, las prestaciones familiares o los sueldos de los funcionarios; a hacer recortes y a disminuir las inversiones, lo que aumenta el paro y nos va a sumir a todos dentro de poco en una recesión de extrema gravedad.
"Estar gobernados por el dinero organizado es tan peligroso como estarlo por el crimen organizado", decía Roosevelt. Tenía razón. Estamos viviendo una crisis del capitalismo desregulado que puede ser suicida para nuestra civilización. Como dicen Edgar Morin y Stéphane Hessel en su último libro, nuestras sociedades deben elegir: la metamorfosis o la muerte. ¿Resulta normal que en caso de crisis, los bancos privados, a quienes suelen financiar los bancos centrales a un 1% puedan beneficiarse de un tipo al 0,01% pero que en las mismas circunstancias algunos Estados, por el contrario, deban pagar tipos 600 u 800 veces más elevados?
¿Vamos a esperar a que sea demasiado tarde para abrir los ojos? ¿Vamos a esperar a que sea demasiado tarde para entender la gravedad de la crisis y elegir juntos la metamorfosis antes de que nuestras sociedades se disloquen? No tenemos aquí la posibilidad de desarrollar 15 reformas concretas que harían posible esta metamorfosis, pero queremos que sea posible quitarle la razón a Paul Krugman cuando explica que Europa se está encerrando en "una espiral mortal".
¿Cómo podemos darle oxígeno a nuestras finanzas públicas ahora? ¿Cómo podemos actuar sin modificar los Tratados, una tarea que requeriría meses de trabajo y que quizás sea imposible dentro de poco si Europa es cada vez más odiada por los pueblos?
Angela Merkel tiene razón cuando dice que no hay que incitar a los Gobiernos a una huida hacia adelante, pero cabe recordar que la mayor parte de las sumas que nuestros Estados piden prestadas a los mercadosfinancieros son para pagar deudas antiguas. Un ejemplo: en 2012, Francia tendrá que pedir prestados 400.000 millones: 100.000 corresponden al déficit del presupuesto (que sería casi inexistente si se anularan muchas de las rebajas fiscales otorgadas desde hace 10 años) y 300.000 corresponden a deudas antiguas que llegan a su vencimiento y que somos incapaces de reembolsar si no nos endeudamos de nuevo un par de horas antes de reembolsarlas.
El pasado, pasado está. Imponer tipos de interés descomunales para deudas acumuladas hace 5 o 10 años no contribuye a responsabilizar a los Gobiernos sino que asfixia nuestras economías en beneficio de algunos bancos privados; alegando que existe un riesgo, estos prestan a un tipo altísimo, aunque sepan que no hay ningún riesgo verdadero ya que el Fondo Europeo de Seguridad está para garantizar la solvencia de los Estados europeos.
Hay que acabar con lo de "dos pesos, dos medidas": inspirándonos en lo que hizo el Banco Central norteamericano para salvar el sistema financiero, proponemos que la "deuda vieja" de nuestros Estados pueda ser refinanciada a un tipo de interés cercano al 0%.
No hay ninguna necesidad de modificar los Tratados europeos para poner en práctica esta idea: ciertamente el Banco Central no tiene derecho a prestar a los Estados miembros de la Unión Europea, pero puede prestar sin límite alguno a organismos públicos de crédito (artículo 21.3 del estatuto del sistema europeo de los bancos centrales) y a organizaciones internacionales (artículo 23 del mismo estatuto). Así pues el Banco Central Europeo puede prestar al 0,01% al Banco Europeo de Inversiones o a cualquier banco público nacional y ellos, pueden prestar al 0,102% a los Estados que se endeudan para pagar sus deudas viejas.
Nada impide establecer esta forma de financiación a partir del mes que viene. No lo decimos lo suficiente: el presupuesto de Italia tendría un excedente primario si no tuviera que pagar gastos financieros cada vez más elevados.
¿Tenemos que dejar que Italia se hunda en la recesión económica y la crisis política o hay que poner fin a las rentas de los bancos privados? La respuesta tendría que ser evidente para quien actúa a favor del bien común.
El papel fundamental que los Tratados le atribuyen al Banco Central es el de proteger la estabilidad de los precios. Por tanto, ¿cómo puede no reaccionar cuando ciertos países ven multiplicarse por dos o por tres el precio de sus Bonos del Tesoro en unos meses?
El Banco Central también tiene que velar por la estabilidad de nuestras economías. ¿Cómo puede no actuar cuando el precio de la deuda amenaza con sumirnos a todos en una recesión "más grave que la de 1930", según el gobernador del Banco de Inglaterra?
Nada en los Tratados vigentes le prohíbe al Banco Central que intervenga con firmeza para hacer bajar el precio de la deuda pública. No solo no hay nada que se lo impida sino que todas las circunstancias lo incitan a hacerlo ya que para todos, la evolución del precio de la deuda pública es, hoy día, la inflación más preocupante.
En 1989, tras la caída del muro de Berlín, les bastó un mes a Helmut Kohl, François Mitterrand y a los otros jefes de Estado europeos para decidir la creación de la moneda única. Tras cuatro años de crisis ¿a qué están esperando nuestros dirigentes para oxigenar nuestras finanzas públicas? El mecanismo que proponemos podría aplicarse inmediatamente, tanto para disminuir el coste de la deuda antigua como para financiar inversiones fundamentales para nuestro porvenir.
Todos los que piden la negociación de un nuevo tratado europeo llevan toda la razón: con los países que quieran, debemos construir una Europa política, capaz de influir en la globalización, una Europa realmente democrática como ya lo proponían Wolfgang Schäuble y Karl Lamers en 1994 o Joschka Fischer en 2000.
Por supuesto, es necesario un tratado de convergencia social y una verdadera gobernanza económica. Todo esto es imprescindible. Pero no se podrá adoptar ningún nuevo tratado si nuestro continente se hunde en "una espiral de la muerte" y si una mayoría de ciudadanos acaba odiando cuanto viene de Bruselas.
Lo urgente es enviarle una señal muy clara a los pueblos: Europa no está en manos de los lobbies financieros. Europa está al servicio de los ciudadanos.
Michel Rocard fue primer ministro francés y Pierre Larrouturou es economista.
Fuente: El País
miércoles, 21 de marzo de 2012
LA “BUENA” EDUCACIÓN.
En 1996, el entonces
presidente de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, encargó a un equipo
internacional presidido por Jacques Delors un estudio sobre los retos de la
educación en el siglo XXI.
El estudio, conocido desde
entonces como “El informe Delors” planteaba las bases sobre las que debía
asentarse la educación del futuro:
- Aprender a ser.
- Aprender a aprender.
- Aprender a hacer.
- Aprender a convivir.
Creo que es hora de
cuestionarse si vamos en la buena dirección. De cara a la galería parecería
que sí pero, ¿Realmente lo estamos
haciendo? ¿Hemos cambiado nuestra concepción de la enseñanza tradicional? Realmente no lo creo. Y no sólo
eso. Pienso además que estamos caminando peligrosamente en dirección contraria.
¿Por qué? Vamos a analizarlo un poco.
La actual (y tradicional) concepción de la enseñanza, considera lo siguiente:
- Que el profesorado tiene el conocimiento y lo trasmite a los alumnos.
- Que dicho conocimiento se encuentra en los libros de texto elaborados por expertos.
- Que los alumnos y alumnas son receptores y reproductores de dichos conocimientos.
- Que aprender es únicamente la capacidad de aceptar la información y dar la respuesta correcta.
Finalmente, la Administración controla que los centros cumplan con los preceptos
marcados por la OCDE, que contrasta los saberes de los países industrializados,
comprobando sus datos.
En todo este proceso, la
reflexión, la comunicación, la creatividad y la crítica quedan deliberadamente
excluidas. La pasividad es la norma. Posiblemente sea porque un estudiante
pasivo sea en el futuro un ciudadano
pasivo.
Sin embargo, el Currículo
Oficial, tanto en Primaria, como en secundaria tiene como Objetivos Generales:
En Primaria:
“ b/ Desarrollar hábitos de trabajo individual y de equipo, de esfuerzo y
responsabilidad en el estudio, así como actitudes de confianza en sí mismo,
sentido crítico, iniciativa personal, curiosidad, interés y creatividad en el
aprendizaje.”
En Secundaria:
“g/ Desarrollar el espíritu emprendedor
y la confianza en sí mismo, la participación, el sentido crítico e iniciativa
personal, y la capacidad para aprender a aprender, para planificar, para tomar
decisiones y para asumir sus responsabilidades, valorando el esfuerzo con la
finalidad de superar dificultades.”
Se supone que los alumnos,
tanto en Primaria, como en Secundaria, deberían haber desarrollado, como parte
de su formación integral, dichas actitudes, sin embargo algo falla, a pesar de
los esfuerzos que en muchos momentos se ha hecho por potenciar esta parte de la
educación, cuando observamos la realidad: En las reuniones de padres, en
las evaluaciones, en las tutorías, oímos hablar de esfuerzo, hábitos de
estudio, exámenes y resultados, pero jamás de sentido crítico, iniciativa,
confianza....
La democracia, la
participación, la iniciativa, no se aprenden en los libros de texto, se aprenden
ejercitándolas y usándolas desde pequeños. La libertad, la paz, la tolerancia
no dejan de ser meras palabras que se repiten en todos los actos, si no
enseñamos realmente, desde la acción, a creerlas y usarlas. Y en este asunto somos responsables todos.
¿Y por qué pienso que
actualmente vamos precisamente en la dirección contraria? Por varias razones:
- Cada vez con mayor fuerza se está poniendo el énfasis en los resultados.
- Se intenta transformar la Escuela, siguiendo el más rígido de los patrones tecnocráticos, en una empresa que elabora productos acabados (los estudiantes) que repiten los saberes estandarizados, reflejados en diferentes pruebas de control.
- Se mide la eficacia de las Escuelas mediante dichos resultados.
- Se intenta que el profesorado aplique el mismo conocimiento, de igual manera, y a todos por igual, minusvalorando su papel como pedagogo que adapta el currículum a la realidad de su aula.
- Dicha minusvaloración da lugar a un mayor número de horas docentes y unas aulas sobresaturadas ya que, según esta concepción, el maestro debe convertirse en un eficaz trasmisor de conocimientos, en un “técnico de su parcela de conocimiento”, evitando una mayor interrelación con los alumnos y con otros docentes.
¿Será este ciudadano capaz de
“aprender a ser, aprender a hacer,
aprender a aprender y aprender a convivir”? ¿Será capaz de actuar e influir en
el mundo? ¿ O seguirá siendo ajeno a lo que ocurre a su alrededor?
Nuestra responsabilidad, como
padres, como profesores, como ciudadanos,
es plantearnos qué tipo de escuela queremos. El saber importa, pero la
forma en cómo se trasmite más aún. El conocimiento importa, pero las actitudes
ante el conocimiento más aún.
“ Una ciudadanía participativa, activa y
responsable no puede ser el producto de la eficacia técnica. Es necesaria la
intención y la apuesta pedagógica de relacionar el conocimiento, la imaginación
y la posibilidad de mejorar las cosas frente a la inacción. La pedagogía así
entendida va más allá de una lectura pasiva, mercantilista y tecnicista de la
realidad, aparentemente neutral y
despolitizada pero que, sin embargo, adoctrina en el conformismo frente al
“capitalismo extremo”, el individualismo, el consumismo y en la utilidad
económica y tecnológica” (“ Pistas para cambiar la escuela” 2009 Intermón Oxfam )
Charo Jiménez
Charo Jiménez
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